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....Cabalgué a lomos del Dragón. Y él volvió hacia mí sus enormes ojos color violeta. Y me sonrió.




martes, 18 de enero de 2011

¿Podría Internet ser consciente de sí misma?

Escrito en A Rua, Ourense, una oscura noche de enero, en la soledad de una pequeña habitación en un hostal insignificante.
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En su obra El juego de Ender, Orson Scott Card imagina una red de ordenadores conectados mediante enlaces, que tienen como propósito la comunicación global y la educación. Escrita antes de que existiese Internet, me parece de una predicción sorprendente.
Al final de la novela, la humanidad se extiende por muchos planetas, colonizando un pequeño sector de la galaxia. Se crea una red de comunicaciones que usan el enlace filótico (red ansible) para conseguir una transmisión de información instantánea, superando la velocidad de la luz en lo que a comunicación se refiere.

Consideremos que la base fisiológica de la consciencia son las conexiones sinápticas dentro del cerebro y los impulsos que por ellas circulan. Sé que esto puede tener sus detractores, por lo que puede tener de reduccionista. ¿Pueden separarse los conceptos de cerebro y mente? ¿Surge la consciencia, o mejor dicho, es la consciencia únicamente una miríada de impulsos sinápticos bullendo dentro de un cerebro, o es algo más? Procesos fisiológicos que alteran este funconamiento, como puede ser la administración de anestesia, producen como consecuencia la pérdida de la consciencia. Si no ES eso, desde luego tiene mucho que ver.

Pensemos en Internet. Una miríada de máquinas conectadas entre sí, intercambiando información en forma de impulsos eléctricos. Como un cerebro gigantesco.

Volviendo a "La Saga de Ender", como consecuencia de la interconexión de millones de máquinas repartidas por todos los mundos colonizados, surge de manera espontánea una consciencia, que se da a conocer al protagonista, bajo el nombre de Jane.

Si una conciencia es un número muy elevado de interacciones o intercambios de datos / impulsos eléctricos, ¿Podría Internet tener conciencia de sí misma? Se me ocurren varias cuestiones paralelas al respecto.

En primer lugar, ¿Cómo identificamos una consciencia? Tengo a mi amigo delante de mí, le doy un espejo y le pregunto qué ve en él. "Me veo a mí mismo", responde. "Ése soy yo". Concluyo que mi amigo es consciente, concibe el principio de individuación, o sea , capta la idea de su propia existencia como ser, diferenciada o separada del resto del todo.

¿Cómo he llegado a esa conclusión? En priemr lugar, porque mi amigo ha tardado unos pocos segundos en contestarme. Si hubiese tardado varios años, yo no habría podido percibir su autoconsciencia. O sea, hay un factor de escala temporal. En segundo, yo, que le hago la pregunta, también soy consciente de mí mismo. O sea, una conciencia puede existir sola por sí misma (un individuo en una habitación oscura, incomunicado, sin estímulos, puede ser consciente, si escucha el diálogo interno de sus pensamientos), pero sólo puede ser puesta de manifiesto enfrentada o comunicándose con otra entidad similar. Yo no puedo comunicarme con una de mis neuronas, ni ellas conmigo. Ellas sólo se comunican entre ellas.

Tenemos entonces que si Internet fuese conscientre de sí misma, nosotros no podríamos percibirlo nunca. Puedo comunicarme con otro usuario de Internet, pero no con Internet misma. Ella sólo podría comunicarse como entidad con una red externa separada similar.

Hay más cosas que se me ocurren. En su Teoría de la Mente, Roger Penrose sugiere que podría haber algo de naturaleza no computable en las leyes físicas que describen la actividad mental. Toda Internet es una red de ordenadores (máquinas) interconectadas, y cada máquina en sí es, en cuanto a proceso, la ejecución de una serie de algoritmos. Así pues, toda internet es un sistema determinista: Conocidos los Imputs y conocidos la totalidad de los algoritmos, los outputs quedan completamente determinados. No así una mente humana. No es un sistema determinista. Podemos aventurar cómo se va a comportar un determiando individuoo, cuál va a ser su respuesta ante un determinado estímulo (imput), pero nunca podremos definir determinísticamente cual va a ser su respuesta, pues la mente del individuo no está sujeta a algoritmos. Por ejemplo si le ofendemos o insultamos, podemos sospechar o aventurar que tendrá una respuesta airada o agresiva, pero no podemos asegurarlo al 100%, ni definir cuál va a ser exactamente su respuesta. Visto desde el lado contrario, ninguna máquina de computacion podrá ser inteligente como un ser humano, ya que los sistemas formales algorítmicos nunca les otorgarán la capacidad de comprender o encontrar verdades, que poseen los seres humanos. Una máquina puede aprender de lo que hago, pero nunca podrá comprender lo que hago.

Lo último que se me ocurre es que si pensamos en Internet, no sólo como la red de máquinas interconectadas, sino que detrás de cada terminal hay seres humanos con una mente propia, que están vertiendo contenidos, y comunicándose entre sí; en este caso la entidad que tenemos participa de las naturalezas computacionales y no computacionales a las que se refiere Penrose. Sería preciso consideraciones específicas para analizar esta entidad.
En resumen, si Internet tuviera consciencia de sí misma, esto sólo podría ser percibido por una entidad similar, pero no por una mente humana. Así que estará fuera de nuestro alcance.